Quisiera desnudarme. Librarme de esta suciedad. Quitarme capas de piel muerta y seca. Volver al comienzo y quedarme en él. Al menos por un tiempo. ¿Cuál fué el comienzo? ¿En que momento comenzamos a chupar de todo lo que nos rodea? Muchos estudiosos afirman que al nacer somos un lienzo en blanco. Pero, ¿quién nos pinta? Alguien elige colores y formas, diferentes texturas. Nosotros, el trozo de tela, sostenemos todo. Llevamos los garabatos de este juego en la cara, mostrándolos. No nos libramos de ello. Otros nos pintan y otros ejercecn de críticos de arte. Quiero desnudarme. Puedo quitarme esta ropa cada día pero quisiera poder quitarme también físicamente muchas cosas vividas y grabadas en este cuerpo. Notarlas dentro (como ahora) y arrancarlas con mis manos. Notar como desgarran la carne, notar el esfuerzo de mi propio cuerpo para después sentir esa liberación. Permanecer desnuda aquí. Me da igual ser vista, sólo quiero ser carne. Carne que emana calor, de un rojo intenso, latente. Que bombee el corazón, la vida. Dicen que el hombre es el único animal racional, capaz de tener y desarrollar la capacidad del intelecto. Malditos seamos entonces.